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Turísmo

Somos promotores del turismo sostenible

Hoy el turismo puede convertirse en un espacio de encuentro intercultural, respetuoso y sano, en la medida que se logren encontrar grupos de gentes con intereses comunes, como el conocimiento y defensa del medio ambiente, el respeto por las diferencias culturales y la protección de los paisajes con sus patrimonios naturales, arqueológicos y culturales..

otra definición del turismo sostenible es : aquel que: “...satisface las necesidades de los turistas y regiones anfitrionas presentes, al mismo tiempo que protege y mejora las oportunidades del futuro. Está enfocado hacia la gestión de todos los recursos de tal forma que se satisfagan todas las necesidades económicas, sociales y estéticas al tiempo que se respeta la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los sistemas de apoyo a la vida.”

En este contexto, el concepto de sostenibilidad aplicado a la industria del turismo constituye un reto complejo en la medida que es una de las industrias más importantes a nivel mundial, con un ritmo de crecimiento acelerado y considerada un eficiente motor de crecimiento económico, especialmente para zonas con escasa diversificación productiva. A su vez, es una actividad que no pasa desapercibida. Hoy en día, muchos lugares en el mundo evidencian, irónicamente, el deterioro de los recursos que son base para su atractivo.

Es una tarea que implica una co-responsabilidad de gobiernos, población local, sector privado y turistas, nuestra asociación trabaja en tres aspectos:

1. Arrojar una mirada crítica a la actividad turística y, al mismo tiempo, destacar su contribución a la actividad económica y a la protección de patrimonios ambientales y culturales.

2. Concienciar al viajero sobre su impacto en el modelo turístico, incluyendo documentos educativos e iniciativas de interés

3. Destacar la responsabilidad del sector privado, presentando una serie de experiencias de buenas prácticas en el sector.

Como es evidente, el sector público, cuya actuación se considera relevante en la construcción de un turismo sostenible, no será, en esta ocasión, nuestro foco de atención. Tampoco la población local. La reflexión la haremos a partir del viajero y el empresario, destacando la validez y grandeza de la aportación individual, el famoso “grano de arena”, cristalizado en el conocido refrán chino “ordena tu casa, que el mundo se ordena solo”.

Tomando en cuenta ambos agentes económicos –el turista y el empresario- es evidente la falta de responsabilidad social y ambiental en sus decisiones, actitudes y comportamientos diarios, lo cual explica en gran parte el estado actual del turismo, en especial, de determinados destinos turísticos.

En este sentido, resulta relevante mencionar que ambos agentes en cuestión tienen algunas particularidades propias a tener en cuenta en nuestra reflexión.

Desde la perspectiva del empresariado turístico, es una industria que se caracteriza por estar fragmentada y dispersa en pequeñas y medianas empresas, las cuales cuentan con limitados recursos económicos e individualmente generan impactos y contaminación a pequeña escala. Así, cuando un destino se degrada ambiental y/o culturalmente, los negocios turísticos no lo atribuyen a sus prácticas individuales. Por ejemplo, una empresa del sector encuentra que los costos de deshacerse de los desperdicios que genera son menores al costo de reciclarlos, purificarlos o minimizarlos. Pero el problema está en que la mayoría de las empresas piensan lo mismo, lo que deja a la luz un círculo vicioso puesto que nadie considera relevante poner en prácticas iniciativas más sostenibles. Y, por mientras, el ecosistema se degrada.

Para el caso de las multinacionales que operan en el sector, existen destacadas iniciativas de sostenibilidad y a favor de la eliminación de la pobreza. Sin embargo, existen muchas otras que simplemente no se responsabilizan de la problemática local en el destino que se localizan. A nivel internacional, en el sector turístico, se han elaborado sólo dos códigos en temas de ética y derechos humanos, destacándose la necesidad de intervenir en otras áreas.

El turista, por su parte, sufre similar patología que el empresariado. El problema se traduce en que son miles y su número no hace más que aumentar, perdiéndose la dimensión del impacto individual sobre un determinado destino. Un ejemplo ilustrativo de la dicotomía que aquí se presenta podría ser el propio viajero amante de los entornos naturales. Suelen internarse en zonas frágiles, poco intervenidas, abriendo nuevas huellas por medio de la naturaleza, considerando que su impacto es mínimo e imperceptible. Y cierto que lo es. El problema que hay cientos de ellos que piensan lo mismo cuando realizan su viaje y en su conjunto van generando un importante daño ambiental.

Afortunadamente, esta particularidad del empresario y turista, que se presenta como amenaza frente a la anhelada sostenibilidad, está estructuralmente ligada a su fortaleza. Turistas y empresarios concienciados pueden revertir deterioros y construir un modelo de turismo más respetuoso con el medio ambiente cultural y natural.

En definitiva, la propuesta invita a poner nuestro grano de arena; cuando somos turistas, al elegir el lugar a visitar y los servicios, así como también en nuestra actitud y comportamiento con la cultura y ecosistema del destino. Respetar diferentes modos de vida, costumbres, vestimentas, higiene, comida, concepción del tiempo… ni mejores ni peores, simplemente diferentes. Por su parte, invita también a los empresarios de un hotel, un restaurante o una agencia de viajes a asumir responsabilidades y acciones sociales y ambientales. Invita, a educarse e informarse acerca de cómo contribuir desde cada rol de actuación al desarrollo de un turismo más sostenible y responsable, que enriquece el diálogo entre culturas, que protege nuestra flora y fauna mundial.

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